viernes 26 de septiembre de 2008
Caminando detrás de las condenas que van marcando mi paso, voy repartiendo endorfinas. Yendo a paso lento, me atrapan charcos de cianuro, pero de a poco mis prodigiosas botas, me sacan de ese abismo. No miro para abajo, la soga siempre atenta a un ataque imprevisto, no escucho a las víctimas, fueron presas de su ingenuidad. Sólo sigo, sigo, sigo… y no voy a parar. No busco alcanzar, esa es la clave.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada